Con este simple baño de arena, los ácaros dejarán tu gallinero

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Quienes llevamos tiempo criando aves sabemos bien que, ante la primera señal de parásitos en el corral, no hace falta recurrir inmediatamente a costosos aerosoles químicos ni a polvos industriales. La experiencia práctica en avicultura nos ha enseñado que existe una alternativa mucho más natural y duradera. De hecho, realizar una pequeña, pero estratégica modificación dentro del propio recinto suele bastar para frenar por completo esta molesta plaga.

Al instalar de forma inteligente un baño de arena adecuado, estarás apelando directamente al instinto básico que tienen las gallinas para acicalar su plumaje, lo que beneficiará enormemente su bienestar general. Esta técnica, tan sencilla de aplicar como eficaz, suele ofrecer resultados mucho más positivos para la salud a largo plazo de tus aves que cualquier tratamiento basado en agresivos productos sintéticos.

El motivo por el que las gallinas se rascan sin parar en primavera

Con la simple llegada del buen tiempo y el consecuente aumento de las temperaturas, una gran cantidad de cuidadores empieza a notar patrones de comportamiento bastante alarmantes en sus corrales. De repente, los animales se muestran muy inquietos, se sacuden de forma continua y sus habituales noches de descanso se convierten en momentos de auténtico estrés.

Si las observas con detenimiento durante esta época, notarás que sus plumas lucen de pronto desaliñadas y en muy mal estado. Además, es muy probable que el volumen de la producción diaria de huevos sufra una caída drástica sin motivo aparente.

El principal culpable de esta situación tan agotadora e incómoda para las aves suele ser un parásito muy específico y temido en el sector:

  • El ácaro rojo de las gallinas: Este diminuto intruso es un auténtico maestro en el arte de la supervivencia. Durante las horas de luz, es capaz de esconderse astutamente en cualquier minúscula grieta, rendija o junta oscura de la madera del gallinero. Solo cuando cae la noche profunda, el parásito abandona su refugio seguro con un único objetivo: trepar y atacar a las aves mientras duermen plácidamente.
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