La ventaja de Vance hacia 2028 se desvanece: Rubio se acerca velozmente en New Hampshire

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El periodo de gracia en el terreno político suele evaporarse de forma inesperada cuando surgen rivales con hambre de victoria. Hasta un vicepresidente en pleno ejercicio puede experimentar la volatilidad del electorado apenas asoman las primarias en el horizonte. Los datos iniciales ya demuestran que ostentar la etiqueta de gran favorito resulta mucho más vulnerable de lo que se pensaba.

Una caída drástica en un territorio clave

Dentro de uno de los estados más escrutados de todo el país norteamericano, el colchón de seguridad del vicepresidente JD Vance se está reduciendo de manera alarmante. El experto en análisis de datos Harry Enten advierte que el actual número dos de la Casa Blanca debería vigilar muy de cerca a Marco Rubio, dado que la contienda por la nominación presidencial de 2028 ya empieza a mostrar sus cartas.

Un sondeo reciente elaborado por la Universidad de New Hampshire arroja un panorama bastante desolador para la campaña del vicepresidente. Si echamos la vista atrás hasta febrero, gozaba del respaldo del 53 por ciento del electorado republicano con intención de voto, pero esa cifra se ha desplomado recientemente hasta un modesto 36 por ciento.

Tal y como subraya el analista, la popularidad del político se está hundiendo a gran velocidad en el conocido como Estado del Granito. Por el contrario, la figura de Marco Rubio atraviesa un momento dulce, protagonizando un salto espectacular desde aquel discreto 7 por ciento invernal hasta alcanzar un sólido 26 por ciento en la actualidad.

Un ascenso inesperado desde la retaguardia

Para ilustrar esta dinámica, el veterano especialista en demoscopia utiliza una metáfora muy visual, comparando la escalada del senador con la dura ascensión al Monte Washington, recortando distancias con el líder a un ritmo vertiginoso.

«En apenas medio año, hemos visto cómo pasaba del fondo de la tabla a respirarle directamente en la nuca al vicepresidente», recalca el experto al desgranar los últimos porcentajes de apoyo.

Resulta paradójico que este giro drástico en las simpatías de los votantes se produzca justo después de que JD Vance concluyera la gira promocional de su último libro. Los observadores políticos habían catalogado este despliegue mediático como la estrategia de relaciones públicas más extensa desde que asumió su cargo institucional.

Sin embargo, todo ese desgaste y exposición ante los medios parece no haber calado en absoluto entre los ciudadanos de la región. Las estadísticas envían un mensaje cristalino: la táctica elegida simplemente no está dando los frutos esperados en New Hampshire.

Paralelismos históricos que encienden las alarmas

Que la brecha electoral entre ambas figuras se haya acortado a tan solo diez puntos porcentuales resulta completamente inusual, sobre todo si tenemos en cuenta la enorme ventaja institucional que supone ocupar la vicepresidencia en activo.

Si repasamos los antecedentes, Al Gore encaró las primarias del año 2000 presumiendo de una abismal renta de 40 puntos. Pese a ello, sufrió un desgaste terrible para conseguir imponerse por la mínima a Bill Bradley en esta misma zona. Algo idéntico le sucedió a George H.W. Bush durante la campaña de 1988; tras arrancar con un cómodo colchón de 26 puntos, tropezó inesperadamente en Iowa y se vio obligado a librar una intensa batalla defensiva para conservar su hegemonía en territorio nororiental.

Atendiendo a estos precedentes, los analistas coinciden en que los cimientos de la actual candidatura del vicepresidente se tambalean. «Desde una perspectiva histórica, esta estrecha ventaja resulta sumamente preocupante», advierten los especialistas. Lo habitual sería registrar encuestas mucho más aplastantes en esta fase temprana para la mano derecha de un líder de partido que goza de gran popularidad, pero la realidad demoscópica de hoy dibuja un horizonte radicalmente distinto.

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