Una iniciativa de alto perfil impulsada por Donald Trump se enfrenta a obstáculos monumentales en la capital estadounidense. Los ambiciosos trabajos de restauración junto al icónico Monumento a Lincoln no solo acumulan un importante retraso frente al calendario inicial, sino que además han visto cómo su presupuesto se disparaba drásticamente.
El eje central de esta faraónica obra consiste en bañar en oro de 24 quilates varias figuras ecuestres históricas, un deseo expreso del mandatario para celebrar el inminente 250 aniversario de Estados Unidos. A pesar de que inicialmente se proyectaba una ejecución veloz y sin contratiempos, la realidad es que el imponente andamiaje sigue dominando el paisaje mucho después de la fecha prevista para su inauguración.
Las históricas estatuas doradas disparan su presupuesto
Las imponentes piezas de bronce conocidas como Arts of War y Arts of Peace, esculpidas en su día por los ilustres Leo Friedlander y James Earle Fraser, custodian el espacio comprendido entre el Monumento a Lincoln y el Memorial Circle. Curiosamente, este enclave se sitúa a escasa distancia de los terrenos próximos al Cementerio Nacional de Arlington, donde recientemente se sugirió levantar un colosal arco del triunfo.
En las estimaciones preliminares, se calculaba que este llamativo revestimiento áureo supondría un desembolso aproximado de 2,5 millones de dólares. Sin embargo, la factura final se ha multiplicado por dos, alcanzando la astronómica cifra de 5 millones de dólares. Este desvío económico se atribuye, en gran medida, a la adjudicación directa del lucrativo contrato a la compañía The Gilders’ Studio, obviando el proceso habitual de licitación pública.
Aunque se garantizó públicamente que el deslumbrante acabado dorado estaría listo para el 3 de julio, el escenario actual dista mucho de esa promesa. Los operarios apenas han comenzado las labores de desmontaje de las estructuras de trabajo perimetrales. De hecho, a día de hoy, los visitantes solo pueden admirar una de las esculturas, mientras las demás continúan ocultas parcial o totalmente tras las lonas.
El emblemático estanque reflectante permanece completamente seco
Los contratiempos logísticos y estructurales trascienden más allá del patrimonio escultórico, extendiendo el caos urbanístico por distintos puntos de este enclave histórico.
Actualmente, la célebre Reflecting Pool luce desprovista de una sola gota de agua. A pesar de haber sido sometido a una costosa intervención millonaria impulsada por la administración, el equipo de mantenimiento se enfrenta a fallos imprevistos de gran calado. Entre los desperfectos documentados destacan fisuras importantes, una proliferación descontrolada de algas y deterioros evidentes en el revestimiento protector de la alberca.
Para agravar la situación, el perímetro de este icónico lugar de memoria ha sido blindado mediante barreras de seguridad forradas con mallas opacas. Simultáneamente, el National Mall ha reforzado su vigilancia con un despliegue extraordinario de cámaras de seguridad y patrullas incesantes de militares armados de la Guardia Nacional. Por el momento, el Servicio de Parques Nacionales guarda silencio sobre la fecha exacta en la que se reanudará el llenado del estanque para el disfrute público.
Avanzan los preparativos para la gran celebración nacional
Pese a la sucesión de problemas técnicos y el evidente estado de obras, la maquinaria organizativa para conmemorar este hito histórico del país no se detiene en absoluto.
Durante los últimos días, la explanada que separa el Monumento a Lincoln de la cuenca vacía se ha transformado en un altar provisional dedicado a honrar el sacrificio de los militares estadounidenses. Quienes paseen por las inmediaciones podrán observar, además, un detalle sumamente patriótico: el lecho del estanque ha recibido un tratamiento cromático inédito que emula a la perfección el distintivo tono azul de la bandera nacional.
Las polémicas figuras bañadas en oro representan únicamente un fragmento de una hoja de ruta conmemorativa mucho más ambiciosa. Todo este entramado estético responde directamente al deseo presidencial de alterar visualmente la fisonomía de los monumentos más ilustres de Washington. Este monumental lavado de cara pretende erigirse como el gran protagonista durante las inminentes festividades de la nación.













