La sociedad LSJVI, LLC, estrechamente vinculada al reconocido inversor Stephen Deckoff, ha puesto en marcha una contundente ofensiva judicial contra un grupo de nueve individuos. Estas personas se enfrentan a graves acusaciones por haber accedido de forma ilícita a Little St. James y Great St. James, dos territorios caribeños que continúan despertando un enorme interés público.
En su calidad de fundador de Black Diamond Capital Management, Deckoff ha decidido acudir a los tribunales para proteger sus recientes adquisiciones. Los principales señalados en esta demanda civil son varios creadores de contenido que, de manera clandestina, consiguieron adentrarse para grabar material audiovisual dentro de las propiedades privadas.
Ciertos perfiles en internet han logrado amasar una gigantesca audiencia merodeando deliberadamente por los antiguos dominios de Jeffrey Epstein. Por este motivo, la acción legal en curso exige tanto una orden de alejamiento inmediata como la restitución íntegra de los beneficios económicos que estas polémicas incursiones hayan generado a sus autores.
Los abogados del actual dueño han detallado una serie de intrusiones muy específicas. Según consta en los documentos, la pareja formada por Benjamin Owen y Ryan Dalton rastreó exhaustivamente la zona en busca de pistas para alimentar la teoría conspirativa de que el anterior propietario seguiría vivo. Asimismo, se expone que en 2025, Andrew Petersen y su equipo irrumpieron en la propiedad asumiendo plenamente los enormes riesgos legales. En este extenso listado de demandados figuran también los hermanos Eloi y Marcel Gil Sanchovi.
Desde la administración de las fincas recalcan que la presencia de estos intrusos supone un auténtico riesgo para la seguridad tanto de los trabajadores locales como de los vecinos del área. La advertencia emitida es tajante: cualquier persona que intente lucrarse vulnerando la privacidad de estas islas se enfrentará a las consecuencias jurídicas más severas posibles.
Enfrentamientos violentos y procesos penales
Las reiteradas violaciones a la propiedad privada han derivado en altercados de gran magnitud que ya están en manos de la justicia penal. Durante la primavera de 2026, los hermanos sobrevolaron el perímetro con un dron para capturar imágenes documentales, pero el dispositivo acabó estrellándose en el recinto. La situación se descontroló por completo cuando Marcel Gil Sanchovi decidió lanzarse al mar y nadar hasta la orilla para recuperarlo.
En ese instante, la responsable del complejo, Ann Rodriquezová, se dirigió hacia los intrusos a bordo de una lancha. Según los testigos presenciales, los encañonó con un arma mientras profería varias amenazas de muerte en medio de una acalorada disputa. Las posteriores investigaciones policiales revelaron que empuñaba una carabina de aire comprimido, visualmente idéntica a una pistola Glock 19 real. Más tarde, la empleada admitió sin reparos haber arrojado la tarjeta de memoria del dron confiscado directamente a las profundidades del océano.
Este rocambolesco episodio culminó con un desenlace verdaderamente desconcertante. Las autoridades localizaron a Eloi tendido en una embarcación, totalmente desnudo y atado de pies y manos. Aunque Ann Rodriquezová justificó sus actos amparándose en la figura del arresto ciudadano, la fiscalía desestimó su versión. Actualmente, la trabajadora se enfrenta a cargos por coacciones, agresión física y daños agravados, delitos de los que se sigue declarando inocente.
Escasamente un mes después de este suceso, se registró un nuevo choque físico que involucró a Benjamin Owen. El creador de contenido terminó imputado por allanamiento de morada. De forma paralela, un empleado del lugar llamado Paul J. Arnold III tuvo que responder ante una acusación de agresión, acusado de propinar varios golpes durante la tensa confrontación.
El ambicioso proyecto del complejo de lujo se estanca
Ambos islotes pasaron a ser propiedad de Stephen Deckoff en el año 2023, tras adquirirlos directamente a los gestores del patrimonio del antiguo propietario. Aunque en un primer momento estas tierras caribeñas salieron al mercado por la asombrosa cifra de 125 millones de dólares, la transacción terminó cerrándose en 60 millones de dólares, lo que representa menos de la mitad del valor inicial estipulado.
Tras formalizar la compra, la firma de inversión anunció a los cuatro vientos una remodelación integral del entorno. La gran visión consistía en levantar un exclusivo complejo turístico de cinco estrellas, dotado de veinticinco suites de máximo lujo, buscando con ello borrar definitivamente la oscura historia que envuelve al lugar.
Sin embargo, ese faraónico proyecto todavía está muy lejos de materializarse. Al analizar los registros en las oficinas locales de urbanismo, se constata que el único permiso de obra solicitado desde el cambio de titularidad corresponde a la edificación de un simple almacén convencional. Todo indica que el prometido paraíso vacacional tardará en ver la luz, mientras las autoridades mantienen un hermético silencio sobre los incidentes delictivos que siguen ocurriendo en la zona.













