Putin eleva su arsenal nuclear al máximo nivel desde el año 2017

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En el contexto actual del conflicto ucraniano, Moscú está intensificando significativamente sus capacidades armamentísticas de destrucción masiva. La cantidad de ojivas nucleares activas, que actualmente se encuentran instaladas tanto en misiles operativos como en bombarderos estratégicos de largo alcance, no ha dejado de crecer de forma constante.

En estos momentos, existe un total de 1.796 ojivas preparadas para un lanzamiento inmediato. Esta alarmante cifra representa el grado de alerta militar más elevado que ha alcanzado el país en los últimos nueve años. Si analizamos la imagen completa, el liderazgo ruso gestiona ahora mismo un arsenal gigantesco que ronda las 5.420 armas atómicas.

Crecimiento continuo de las reservas estratégicas

Tan solo durante el último año, las fuerzas militares rusas han incorporado 78 ojivas completamente operativas a sus inventarios de preparación. Esta tendencia de expansión armamentística avanza con fuerza y no parece que vaya a frenarse a corto plazo. Curiosamente, la situación en el bloque occidental dibuja un panorama bastante distinto.

Estados Unidos, por su parte, ha preferido mantener su armamento activo en una línea muy estable, contando con 1.770 unidades desplegadas. Del mismo modo, otras potencias nucleares globales, como es el caso de Francia y el Reino Unido, conservan su status quo actual y evitan engrosar sus propias reservas bélicas.

Hallazgos sorprendentes directamente desde el campo de batalla

Sin embargo, la atención de los analistas de seguridad no se limita únicamente a las estadísticas globales. Hace poco, la inteligencia militar ucraniana ofreció una visión fascinante sobre la verdadera condición tecnológica del equipamiento ruso. Para lograrlo, especialistas en armamento desmontaron con suma precisión un misil balístico capturado, concretamente del modelo RM-48U, con el objetivo de estudiar al detalle sus mecanismos internos de navegación.

Durante este minucioso proceso de desensamblaje, se descubrió que este supuesto sistema avanzado estaba construido, en su mayor parte, utilizando piezas recicladas de equipos antiaéreos mucho más antiguos. Lo más llamativo del análisis fue el hallazgo de decenas de componentes electrónicos de origen extranjero. Las pruebas demostraron de forma concluyente que estas piezas vitales que hacían funcionar el cohete ruso provenían directamente de empresas tecnológicas estadounidenses.

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