Donald Trump comparte un post: Entre los cinco presidentes que forjaron el país

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Un adiós a los formalismos

Históricamente, la mayoría de los mandatarios estadounidenses han mantenido un pacto no escrito basado en el respeto mutuo y la cortesía política. Sin embargo, Donald Trump nunca se ha caracterizado por seguir las convenciones tradicionales. De hecho, el magnate suele emplear sus redes sociales para lanzar feroces ataques contra quienes ocuparon el Despacho Oval antes que él.

A finales de agosto, decidió difundir una llamativa ilustración que clasifica a los líderes históricos de Estados Unidos en dos bandos totalmente opuestos. Por un lado, se ensalza a cinco estadistas señalados como los arquitectos de la nación, mientras que el otro grupo expone a cinco figuras acusadas de arruinar el país.

El creador de este montaje virtual situó al actual presidente en la cúspide absoluta. En la imagen, comparte este grupo privilegiado junto a gigantes de la historia como George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Ronald Reagan.

Etiquetas contundentes y directas

Dentro de la composición fotográfica, cada rostro viene acompañado de un concepto breve y letal. Mientras que a Abraham Lincoln se le asocia con el término «Unión» y Ronald Reagan encarna la «Fuerza», debajo de la fotografía de Donald Trump puede leerse su emblemático «America First».

En el extremo opuesto aparecen aquellos dirigentes culpados de devastar el territorio estadounidense. Esta lista nada favorecedora incluye a James Buchanan, Woodrow Wilson, Barack Obama, Joe Biden y Jimmy Carter.

El autor del diseño tampoco escatimó en adjetivos despiadados para esta sección. Joe Biden recibe el calificativo de «decadencia», a Barack Obama se le responsabiliza de generar «división» ciudadana, y a Jimmy Carter se le adjudica únicamente la palabra «debilidad».

Una relación tensa con Carter

Difundir este polémico fotomontaje no supuso el primer ataque dirigido al trigésimo noveno presidente de la nación. Durante un multitudinario acto de campaña en una fábrica en octubre del año pasado, Donald Trump se burló públicamente de su predecesor.

Ante una multitud entregada, aseguró que Jimmy Carter debía ser indudablemente el hombre más feliz del planeta. Su razonamiento se basaba en que la pésima gestión de la administración demócrata de aquel momento hacía que, en perspectiva, el propio Carter pareciera una auténtica mente maestra de la política.

No obstante, esa agresividad discursiva cesó de manera repentina cuando el exmandatario falleció a finales de diciembre, tras alcanzar la extraordinaria edad de cien años.

Una tregua inesperada y fugaz

Poco después de confirmarse el fallecimiento, el perfil oficial del líder republicano sorprendió con un texto inusualmente afectuoso y conciliador. En él, reconoció abiertamente la abrumadora presión y la gigantesca responsabilidad que conlleva dirigir una de las potencias mundiales.

Su mensaje subrayó que los formidables obstáculos que aquella administración tuvo que sortear ocurrieron en una época extremadamente compleja y decisiva para la historia nacional. Al mismo tiempo, enfatizó que el fallecido político hizo todo lo humanamente posible para elevar la calidad de vida de sus compatriotas.

Estas palabras de respeto culminaron con una profunda reflexión, afirmando que el país entero le debía una inmensa gratitud por toda una vida de compromiso y servicio público.

Disputa insólita por los símbolos nacionales

Esa atmósfera de solemne consideración se desvaneció con bastante rapidez. En su lugar, estalló una insólita controversia relacionada con el protocolo gubernamental, justo en los días previos a la ceremonia de investidura de enero.

Las estrictas normas federales establecen con total claridad que todas las banderas institucionales deben ondear a media asta durante treinta días exactos tras la muerte de un antiguo comandante en jefe. Semejante obligación legal generó un profundo malestar en el seno de la administración recién elegida.

Desde el equipo vencedor surgieron enérgicas protestas, argumentando que era ilógico celebrar un evento tan grandioso y festivo mientras los emblemas patrios mostraban señal de duelo. Finalmente, la disputa obligó al presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, a tomar cartas en el asunto. El alto cargo emitió una resolución oficial autorizando que todas las banderas ondearan en lo más alto de sus mástiles durante el día de la toma de posesión, simbolizando así el inicio de una nueva era.

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