Nuevo truco en EE. UU.: Diluyen gasolina para rebajar su precio de venta

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Cualquier conductor conoce de sobra la frustración de ver cómo los precios del combustible se disparan repentinamente debido a la inestabilidad de los mercados internacionales. Ajustar nuestro presupuesto mensual y modificar la manera de conducir para ahorrar carburante se ha convertido en una rutina casi obligatoria para la mayoría. No es casualidad que el coste de llenar el depósito sea el tema estrella de conversación cuando paramos a repostar antes de una escapada de fin de semana.

Todos compartimos ese anhelo universal de pagar menos en el surtidor y darle un merecido respiro a nuestra economía doméstica. Por este motivo, los líderes políticos de todo el mundo buscan constantemente fórmulas para aliviar el bolsillo de quienes usan el coche a diario. Sin embargo, estas soluciones gubernamentales exprés pueden desencadenar daños colaterales imprevistos, y muy costosos, para nuestros propios vehículos.

Medidas drásticas para abaratar el carburante

Frenar el gasto descontrolado en transporte se ha posicionado como una prioridad máxima para numerosos países. En Estados Unidos, las autoridades han decidido tomar un camino bastante polémico, permitiendo de manera deliberada la comercialización de una mezcla de combustible notablemente más diluida en las estaciones de servicio.

Durante los meses estivales, la administración norteamericana autorizó oficialmente la venta de gasolina con hasta un 15 % de bioetanol. El propósito principal de esta agresiva intervención ha sido frenar la escalada de precios originada por la incesante volatilidad global del sector petrolero.

Como resultado inmediato, repostar en suelo estadounidense resulta hoy significativamente más económico, pagando los conductores locales apenas una pequeña fracción de lo que cuesta el litro en territorio europeo. No obstante, esta estrategia nacional ha provocado un auténtico aluvión de críticas por parte de investigadores medioambientales y peritos automovilísticos independientes.

Riesgos ocultos para la mecánica y el entorno

Elevar la proporción de compuestos renovables en el tanque de gasolina puede generar averías severas para el automovilista medio en un tiempo récord. Tal y como advierten los especialistas en ingeniería del motor, las piezas internas de los automóviles con más años de antigüedad simplemente no están fabricadas para tolerar niveles tan altos de alcohol de forma continuada.

Por desgracia, los modelos recién salidos del concesionario tampoco se libran de estos inconvenientes mecánicos. El alcohol añadido carece de la misma densidad energética que el derivado del petróleo puro. En la práctica, esto se traduce en una reducción evidente de la autonomía total del coche, obligando a los usuarios a visitar las gasolineras con mucha mayor frecuencia.

A todo esto hay que sumarle los complejos obstáculos químicos que surgen con el calor extremo. Con las altas temperaturas veraniegas, esta mezcla rica en etanol se evapora con suma rapidez, favoreciendo de forma directa la creación de ozono perjudicial a nivel del suelo. Semejante reacción atmosférica deteriora drásticamente la calidad del aire que respiramos en las áreas metropolitanas más pobladas.

Mientras que varios estados norteamericanos han optado fríamente por pausar sus estrictas normativas ecológicas para abaratar los desplazamientos, multitud de grandes ayuntamientos se oponen en rotundo. Existe una preocupación totalmente fundamentada por los estragos en la salud pública durante las agobiantes olas de calor.

Actualmente, en las carreteras europeas utilizamos gasolinas que contienen un máximo de un 10 % de alcohol. Pese a ello, los últimos movimientos políticos indican claramente que ya se están produciendo debates a nivel comunitario para incrementar este tope máximo en un futuro próximo, una decisión que transformaría de raíz nuestros hábitos frente al surtidor.

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