A menudo, los líderes políticos intentan conectar con las nuevas generaciones añadiendo éxitos musicales a sus perfiles sociales. Sin embargo, recurrir a estas melodías sin la autorización previa del artista puede desatar un conflicto público bastante tenso. La línea entre una estrategia digital exitosa y una infracción de derechos de autor es muy fina.
Un uso musical sin autorización previa
Esta misma semana, el equipo de Donald Trump protagonizó un fuerte encontronazo con un reconocido artista contemporáneo. Todo comenzó cuando las cuentas oficiales compartieron un vídeo del expresidente recorriendo una fábrica de General Motors en Míchigan. Para sorpresa de muchos seguidores, las imágenes iban acompañadas de “American Cars”, una conocida pieza del cantautor de folk-pop Noah Kahan.
El músico no tardó en reaccionar ante este movimiento. A medida que el contenido político se viralizaba en las distintas plataformas, Kahan acudió directamente a la sección de comentarios en Instagram para expresar su absoluto rechazo.
“Jamás en la vida daría permiso para que mi música se utilice con el fin de apoyarte a ti o a tu administración”, sentenció el artista, visiblemente indignado, bajo la publicación oficial.
Poco tiempo después, Gabe Simon, coautor de la pista, se sumó a las críticas y reprobó públicamente esta acción. Ante la presión, los responsables de la campaña decidieron silenciar el vídeo en Instagram, aunque el clip original con el audio intacto se mantuvo activo en TikTok.
Respuestas irónicas en las redes sociales
Lejos de ignorar la queja, el entorno del político decidió pasar al contraataque. Kaelan Dorr, un alto cargo de la administración, respondió al enfado del cantante utilizando un ingenioso juego de palabras con el título del gran éxito que catapultó a Kahan en 2022.
“Por lo visto, los síntomas del TDS también incluyen tener una ‘northern attitude’”, publicó Dorr en la red social X. El término TDS hace referencia al llamado Síndrome de Trastorno por Trump, una etiqueta que su equipo emplea habitualmente para restar credibilidad o ridiculizar a sus detractores políticos.
Como justificación técnica, los representantes argumentaron que simplemente habían seleccionado la pista desde la biblioteca de sonidos que ofrece la propia aplicación de Instagram. Según su criterio, cualquier perfil tiene pleno derecho a incluir estas melodías predeterminadas en sus publicaciones.
Una creciente lista de estrellas musicales indignadas
Este reciente choque pone de manifiesto un patrón cada vez más común, donde figuras destacadas de la industria musical alzan la voz contra el uso de sus obras en producciones políticas. Hace poco, la estrella del pop Katy Perry mostró su profunda molestia al descubrir que su éxito “Firework” sonorizaba un vídeo promocional sobre ataques militares.
Aquella contundente queja generó un intenso debate entre los seguidores y encendió las alarmas dentro del propio departamento de comunicación gubernamental. A lo largo del tiempo, una multitud de leyendas de la música han exigido a Donald Trump el cese inmediato del uso no autorizado de sus catálogos.
Esta lista de quejas internacionales sigue aumentando, y ya cuenta con los nombres de artistas tan influyentes como Celine Dion, Kesha, además de los representantes legales del icónico roquero Tom Petty.













