La preocupante escasez de lluvias que azota a las islas británicas ha coincidido con la cosecha de cereales más deficiente registrada en el continente europeo desde el año 2018. Esta desafortunada conjunción de factores meteorológicos y agrícolas impactará directamente en el bolsillo de los ciudadanos al realizar su compra habitual en los supermercados de Suecia.
De cara a los próximos meses de otoño, el incremento en los costes de adquisición de la cebada y otros cultivos fundamentales provocará una notable subida en los precios de productos de consumo diario. Entre los artículos más afectados se encuentran los lácteos, los productos de panadería, la cerveza y el whisky.
Tras padecer una temporada estival caracterizada por un calor anómalo y una aridez extrema, las autoridades han catalogado oficialmente a más de la mitad del territorio inglés como zona afectada por la sequía. La escasez hídrica ha alcanzado un nivel tan crítico que las empresas suministradoras de agua en Londres han prohibido terminantemente regar con mangueras, en un intento desesperado por conservar las mermadas reservas.
Se trata del tercer episodio grave de falta de precipitaciones en un lustro, lo que ha encendido todas las alarmas institucionales. Los portavoces gubernamentales señalan que el cambio climático está transformando estos fenómenos extremos en algo cotidiano.
Según advierte Emma Hardy, titular británica de Medio Ambiente, el clima está mutando de forma acelerada, obligando a la sociedad a asumir que estas condiciones meteorológicas adversas serán la nueva normalidad en un futuro cercano.
La escasez de cebada pone en jaque a la industria cervecera
Las repercusiones de este clima implacable trascienden ampliamente las fronteras británicas. Las estimaciones de la entidad sectorial Coceral apuntan a que las altas temperaturas tempranas reducirán la producción conjunta de cereales en la Unión Europea y el Reino Unido en unos nueve millones de toneladas respecto a las previsiones iniciales.
Diversos especialistas del ámbito agronómico coinciden en que nos encontramos ante los rendimientos de cosecha más pobres de las últimas campañas agrícolas.
Tradicionalmente, el territorio británico se ha consolidado como uno de los principales motores europeos en el cultivo de cebada cervecera. Este grano constituye un elemento absolutamente esencial para la elaboración de cervezas y whiskies tradicionales.
Al desplomarse el volumen recolectado, la cotización de la malta se dispara de forma automática, encareciendo súbitamente los procesos de fermentación en toda Europa. La agencia agrícola sueca ya ha detectado repuntes significativos en las bolsas de cereales, impulsados por la combinación de aridez continuada y la actual inestabilidad geopolítica internacional.
La cesta de la compra se encarece pese al clima favorable local
Aunque los campos suecos han disfrutado de condiciones meteorológicas propicias para la agricultura, la fuerte interconexión comercial global provoca que las fluctuaciones de costes se trasladen sin piedad de un país a otro.
Los panaderos y maestros cerveceros locales se abastecen principalmente en un mercado continental cuya oferta está mermando a un ritmo alarmante. A esto se suma el volumen masivo de importaciones que realiza el país nórdico de productos como queso cheddar, ales británicas y whisky escocés, todos ellos sumamente vulnerables a las variaciones en el precio de la materia prima.
Por otro lado, el fuerte encarecimiento de los piensos y granos supone un serio riesgo para lograr estabilizar el importe final de la carne y la leche en múltiples naciones europeas.
Helen Wakeham, de la agencia medioambiental británica, ilustra la extrema gravedad del contexto indicando que el ritmo actual de extracción de las reservas hídricas supera con creces la capacidad natural del medio ambiente para reponerlas.
De mantenerse este escenario meteorológico adverso y agravarse las previsiones de recolección, los consumidores suecos deberán desembolsar cantidades mucho mayores por sus alimentos y bebidas de importación durante la recta final del año.
Con una nueva ola de calor masiva aproximándose a las costas del Reino Unido, las probabilidades de que el panorama mejore sustancialmente antes de concluir la temporada de cosecha son prácticamente nulas.













