El máximo responsable de los batallones de drones ucranianos ha revelado un dilema bastante inusual para sus tropas: hallar navíos enemigos navegando por la zona se ha convertido en una misión casi imposible. Tras una fulgurante ofensiva aérea de tres semanas, las rutas marítimas de abastecimiento rusas en toda la región han quedado completamente paralizadas.
Durante este periodo, los pilotos de estas naves no tripuladas han fijado en su punto de mira a decenas de embarcaciones cada semana. El objetivo principal de esta estrategia era sumamente claro, buscando privar a los soldados desplegados en el frente de combustible vital y material bélico indispensable.
A principios de julio se puso en marcha esta inmensa y calculada operación, conocida oficialmente bajo el nombre en clave de Operación MoLoChKa. Sin embargo, al dar por concluida su primera etapa recientemente, la cúpula militar de Ucrania se topó con un problema que muchos calificarían de envidiable, ya que la flota adversaria sencillamente se había esfumado del horizonte.
Cuando los radares se quedan vacíos de objetivos
Robert «Madjar» Brovdi, comandante de las fuerzas de sistemas no tripulados del ejército ucraniano, evaluó hace poco el formidable éxito de esta campaña marítima. Durante su comparecencia, compartió una anécdota con tintes casi irónicos que demuestra cómo sus operadores han cumplido sus órdenes con una eficacia abrumadora.
«Habíamos prometido impactar contra 221 buques, pero ahora nos toca buscar a fondo porque sencillamente ya no quedan más. Lo único que flota hoy en día son restos destrozados, convertidos en barcazas inertes», detalló Brovdi. Asimismo, el comandante subrayó que el vital Estrecho de Kerch se encuentra actualmente bloqueado sin una fecha estimada de reapertura.
A lo largo de esta vertiginosa oleada de asaltos, las unidades especializadas lograron asestar golpes certeros a un total de 201 naves rusas. Las estadísticas oficiales corroboran que 129 de esos navíos fueron neutralizados en las aguas del Mar de Azov, mientras que los 72 restantes sufrieron impactos directos y calculados en pleno Mar Negro.
Precisión quirúrgica para desmantelar la flota
La táctica desplegada por los pilotos ucranianos destaca por su meticulosa planificación. En lugar de intentar hundir a toda costa cada navío detectado, han centrado todos sus esfuerzos exclusivamente en aniquilar los sistemas más cruciales de las embarcaciones.
Esto implica que los drones han destrozado con exactitud milimétrica los motores, las unidades de mando y las antenas de comunicación. Gracias a esta sofisticada metodología, los barcos han quedado reducidos a objetivos a la deriva y sin energía, evitando de paso desencadenar graves desastres ecológicos por derrames de crudo.
- Ofensivas concentradas: Destrucción deliberada de los sistemas de propulsión y guiado.
- Táctica ecológica: Prevención de vertidos masivos de combustible al mar.
- Embarcaciones neutralizadas: Los navíos deambulan ahora como meros trozos de metal inservibles.
Los ferris y petroleros rusos incapacitados son incapaces de avanzar un solo centímetro si no es con la asistencia de remolcadores. Cabe destacar además que este balance oficial no contabiliza las incursiones independientes perpetradas por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) ni por otras ramas de las fuerzas armadas.
Por consiguiente, es muy probable que la cifra auténtica de navíos neutralizados en toda el área sea bastante más elevada. Este incesante acoso aéreo ha sacudido profundamente a los altos mandos rusos, provocando que Moscú esté planeando medidas bastante drásticas como contramedida.
Con el fin de blindar sus imprescindibles vías comerciales, las autoridades rusas barajan muy seriamente la opción de pertrechar a los cargueros civiles de grano con ametralladoras pesadas y lanzamisiles portátiles para frenar esta sangría de pérdidas.













