Putin apoya un nuevo plan: Ciegos y esquizofrénicos podrán entrar en la defensa de drones

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Los habitantes de la retaguardia rusa despiertan cada vez más ante una cruda realidad marcada por la presencia de drones ucranianos sobrevolando sus ciudades. La cúpula dirigente de Moscú se enfrenta a una situación incómoda, ya que, sencillamente, han agotado los recursos necesarios para proteger su espacio aéreo con eficacia.

Desde que dio comienzo la invasión de Ucrania hace más de cuatro años, toda la estrategia de defensa antiaérea ha sufrido modificaciones encubiertas. La incesante amenaza de los ataques a larga distancia ha obligado al ejército a reubicar sus efectivos alrededor de refinerías de petróleo esenciales, centrales eléctricas y nodos regionales de gran tamaño. Con el objetivo de parchear las brechas defensivas, las autoridades locales han empezado a movilizar unidades de reserva a marchas forzadas. De manera simultánea, el Ministerio de Defensa ha rebajado drásticamente los requisitos psiquiátricos para asegurar un número suficiente de hombres en sus filas.

Ahora, Putin ha dejado muy claro que están dispuestos a recurrir a unas reservas que, hasta hace poco, el Estado consideraba totalmente inútiles para cualquier tipo de servicio militar.

Durante una reciente emisión televisiva, el mandatario respaldó una propuesta bastante radical. El corresponsal de guerra Yevgueni Poddubny sugirió permitir que los ciudadanos pertenecientes a la llamada categoría D se ofrezcan como voluntarios para las patrullas regionales antidrones, conocidas bajo el acrónimo BARS. Este grupo específico engloba a personas que padecen ceguera total, sordera bilateral o esquizofrenia. En plena emisión, el presidente respondió que apoya la idea sin reservas y que tiene la intención de debatirla tanto con el Estado Mayor como con el Ministerio de Defensa.

Exentos del servicio militar hasta la fecha

Dentro del sistema de reclutamiento ruso, la categoría D había sido hasta ahora la clasificación médica más restrictiva de todas. Por norma general, los facultativos otorgan este grado a aquellos ciudadanos con enfermedades graves e incurables, lo que históricamente se traducía en una exención absoluta de cualquier obligación castrense.

Sin embargo, el impulsor de esta medida argumentó que la iniciativa partió en un principio de soldados heridos en combate. Según sus palabras, estos hombres son conscientes de sus propias limitaciones y prefieren vigilar las infraestructuras nacionales frente a la amenaza de los aparatos no tripulados en lugar de regresar directamente a la primera línea del frente. No obstante, sigue siendo un misterio qué tipo de discapacidades exactas sufren realmente estos militares en concreto.

Los analistas del ámbito defensivo señalan que esta evolución deja al descubierto los gigantescos problemas que atraviesa el ejército ruso a la hora de intentar blindar su inmenso territorio. El principal obstáculo radica en una escasez crónica tanto de sistemas antiaéreos avanzados como de personal, un contratiempo que se agrava por los roces internos entre los organismos civiles y militares. En este contexto, el jefe de Estado subrayó que la defensa del espacio aéreo debería estar bajo el mando de un único comandante supremo, en vez de depender simplemente de un centro de coordinación.

Los requisitos médicos llevan tiempo cayendo en picado

Este nuevo plan no ha surgido de la nada, sino que se asienta sobre una estrategia a largo plazo impulsada por Moscú, que lleva más de un año redefiniendo gradualmente el propio concepto de aptitud para el combate.

Ya en agosto de 2025 se implementaron cambios significativos en el decreto estatal sobre las evaluaciones médicas militares. Estos ajustes, que llegaron a oídos de la opinión pública en noviembre de 2025, trasladaron oficialmente patologías mentales severas como la esquizofrenia y el trastorno esquizoafectivo desde el grupo de «no aptos» hasta la categoría de «aptitud limitada».

Una flexibilización muy similar ha afectado a las personas que padecen alcoholismo crónico y psicosis derivadas de este. En la actualidad, estas condiciones se consideran trastornos que permiten prestar servicio asumiendo un menor número de restricciones.

Tal y como ha explicado un psiquiatra militar que conoce el sistema a la perfección, toda esta metamorfosis legislativa se fundamenta en una cuestión de matemáticas simples. Sencillamente, las fuerzas armadas se están quedando sin individuos sanos a los que poder enviar al campo de batalla.

Se acelera la creación de unidades locales antidrones

Las mencionadas tropas BARS, a las que los ciudadanos gravemente enfermos podrían unirse según esta propuesta, conforman una fuerza armada paralela que está experimentando un crecimiento vertiginoso.

De acuerdo con la información recabada en noviembre de 2025, al menos 20 regiones rusas ya han puesto en marcha campañas masivas para reclutar reservistas. Su cometido principal será la vigilancia de enclaves estratégicamente vitales. En lugares como Tartaristán y Baskortostán, por ejemplo, se han formado divisiones muy específicas cuyo único propósito es salvaguardar las refinerías de crudo y los complejos petroquímicos.

A esto hay que sumar un decreto presidencial especial que vio la luz el 30 de diciembre de 2025. El documento establece que, a lo largo de todo el año 2026, deberán llevarse a cabo maniobras enfocadas a los reservistas movilizados, donde la preparación se centrará de forma exclusiva en la protección de las infraestructuras críticas.

Aún es una incógnita si los ciudadanos con las discapacidades más severas terminarán formalmente integrando estas filas defensivas. Por el momento no se ha emitido ningún dictamen oficial que traslade esta polémica propuesta a la práctica real. Pero, tal y como se recalcó ante las cámaras, el siguiente paso recae ahora sobre los principales generales del ejército y los altos cargos del Ministerio de Defensa.

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