Las elecciones regionales en Alemania suelen pasar casi inadvertidas, dejando apenas algunos carteles políticos en las calles. Sin embargo, los recientes resultados en un estado específico han provocado un auténtico terremoto a nivel nacional. Miles de ciudadanos se han lanzado a protestar, mientras innumerables familias sienten una profunda inquietud sobre su futuro y pertenencia en el país. De la noche a la mañana, el panorama político germano ha sufrido una transformación radical y llena de incertidumbre.
La formación de extrema derecha Alternativa para Alemania acaba de conseguir rozar el 44 por ciento de los sufragios totales en Sajonia-Anhalt. Desde una perspectiva histórica, nos encontramos ante un momento verdaderamente decisivo. Hay que remontarse hasta el final de la Segunda Guerra Mundial para encontrar un movimiento de corte nativista que logre un triunfo electoral de esta magnitud a escala regional.
Al grupo político encabezado por Ulrich Siegmund le separan apenas tres escaños de poder conformar un nuevo gobierno. La gravedad de la situación radica en que los servicios de inteligencia locales han catalogado durante mucho tiempo a esta delegación como una organización extremista de derecha confirmada oficialmente. Ante esto, la respuesta ciudadana no se hizo esperar, congregando el lunes a más de 5.000 inconformes frente a la emblemática Puerta de Brandeburgo en Berlín, aunque los organizadores estiman que la asistencia real alcanzó las 14.000 personas.
El temor a las deportaciones forzosas
En el núcleo de esta tormenta política, la capital estatal Magdeburgo, se respira un ambiente cargado de tensión. Maryam, una joven residente, confiesa sin rodeos su profundo miedo a que su familia siria acabe siendo expulsada del territorio. Recientemente compartía con su círculo cercano cuánto extraña la época de estabilidad que brindaba Angela Merkel en la cancillería.
Para esta adolescente, un posible retorno a Siria supondría un peligro mortal. Esta angustia se agrava enormemente por el hecho de que no sabe hablar, leer ni escribir en árabe, lo que convertiría una repatriación en un escenario completamente inmanejable.
La mayor parte de su núcleo familiar llegó a suelo europeo un par de años después que su padre, quien huyó durante la intensa crisis migratoria de 2015. Desde aquel momento viven con una zozobra permanente, dado que sus permisos de residencia temporales exigen un tedioso proceso de renovación cada tres años.
Por su parte, los vencedores de los comicios no ocultan sus duras intenciones legislativas. En el mismísimo primer punto de su programa electoral, aseguran que iniciarán expulsiones masivas desde el primer día de mandato contra cualquiera que las autoridades consideren un migrante irregular.
Este abrupto giro en el poder también ha impactado fuertemente a Eric, un técnico de emergencias de 21 años. El joven, de madre alemana y padre guineano, tuvo que lidiar durante una década entera con la burocracia estatal para lograr que le reconocieran su plena ciudadanía.
Con total franqueza, relata cómo intenta bloquear los pensamientos sobre lo que este nuevo entorno significará para las personas racializadas. Hoy por hoy, su inquietud primordial se centra en el riesgo de que se produzcan recortes a nivel nacional en los derechos constitucionales de la población.
Un sector del electorado exige cambios radicales
Sin embargo, no todos perciben esta nueva balanza de poder como una amenaza. Para Doreen, una empleada del sector de la limpieza de 54 años, apoyar a la extrema derecha fue una decisión motivada por la pura desesperación, fruto de un largo hartazgo hacia la gestión gubernamental del estado.
Su postura respecto a los solicitantes de asilo sigue siendo inamovible. Está plenamente convencida de que, de no haberse producido una entrada fronteriza tan masiva, la sociedad actual no tendría que afrontar los dramáticos conflictos sociales que se viven hoy en día.
De los nuevos líderes espera, fundamentalmente, un recorte drástico e inmediato de las ayudas económicas y materiales destinadas a los ucranianos. Según su particular visión, muchos de ellos conducen vehículos de alta gama y visten marcas exclusivas. Además, rechaza tajantemente cualquier paralelismo con el oscuro pasado alemán, subrayando que el mundo contemporáneo enfrenta retos muy distintos.
Todas las miradas de la nación están ahora puestas en el 20 de septiembre, fecha en la que se celebrarán otras dos trascendentales elecciones regionales. Esta tendencia electoral genera un particular desasosiego entre la población de mayor edad. De hecho, los sondeos de opinión más recientes indican claramente que el respaldo a las facciones extremas cae en picado entre los ciudadanos que superan la barrera de los 70 años.
Un claro ejemplo es Judith, de 88 años, quien siendo apenas una niña en 1945 fue obligada a abandonar su hogar de infancia en Silesia. Precisamente ese duro recuerdo personal de los desplazamientos forzosos le otorga una profunda empatía y comprensión hacia quienes buscan refugio en la actualidad.
Le destroza el alma comprobar que casi la mitad de los votantes de su región respaldaron a un partido con un discurso tan marcadamente antimigratorio. Un dolor que se intensifica y cobra una nueva dimensión al rememorar todas las penurias que la sociedad civil alemana tuvo que soportar durante el siglo pasado.













