El nuevo «discurso» de Trump ensalza el sueño americano, pero la voz no es suya

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En la era digital actual, creer ciegamente en lo que observamos o escuchamos en internet es un riesgo, ya que las grabaciones audiovisuales han dejado de ser pruebas irrefutables. Hoy en día, las herramientas tecnológicas avanzadas pueden replicar a figuras públicas con una exactitud tan asombrosa que el público queda atrapado en la incertidumbre. Curiosamente, en muchas ocasiones son las propias celebridades quienes contribuyen a desdibujar esta frágil línea entre lo real y lo fabricado.

La ilusión perfecta de un timbre inconfundible

Hace poco, el expresidente estadounidense difundió un clip publicitario ante sus millones de seguidores. Se trataba de un sorpresivo tributo a una importante firma hipotecaria nacional, donde un detalle en particular acaparó la atención general: el inconfundible tono del narrador.

Al principio del metraje, un locutor proclama al líder político como el «mejor presidente de la vivienda» de la historia, para luego dar paso a una cadencia sumamente familiar. Una voz generada artificialmente transmite un mensaje cargado de nostalgia sobre el anhelo de poseer una vivienda propia. El audio argumenta, entre otras cosas, que Estados Unidos se forjó casa por casa y que el sueño americano nunca ha sido una simple utopía.

El misterioso aviso desaparecido para la audiencia

Si se escucha sin prestar demasiada atención, la pista de audio parece cien por cien legítima, aunque en la práctica el político jamás pronunció esas palabras. Toda la secuencia fue elaborada desde cero mediante el uso de sofisticados algoritmos informáticos.

Cuando Bill Pulte, director de la compañía hipotecaria, publicó originalmente el anuncio en redes sociales a principios de enero, se aseguró de incorporar un descargo de responsabilidad sumamente claro. En aquel momento, un texto en la parte inferior de la pantalla indicaba que el audio del presidente Trump había sido recreado con tecnología artificial y contaba con su autorización expresa.

Sin embargo, la situación dio un giro radical este lunes, cuando el propio presidente decidió compartir exactamente el mismo material en su plataforma personal, Truth Social. Para sorpresa de muchos, la advertencia fundamental que debía informar a sus simpatizantes sobre la naturaleza sintética de la locución había sido eliminada del montaje.

El enigma sobre la autorización oficial

Representantes de la administración habían otorgado previamente el visto bueno para que los sistemas informáticos imitaran la voz del mandatario, pero exclusivamente para esta campaña en particular. No obstante, el software exacto empleado para crear este vídeo manipulado sigue siendo un secreto celosamente guardado.

De igual forma, existe una gran incertidumbre sobre si la Casa Blanca ha tolerado el empleo de registros sintéticos similares en otros contextos. Hasta el momento, los funcionarios encargados no han emitido respuesta alguna ante las reiteradas peticiones de aclaración formal.

El protagonista de esta historia no oculta en absoluto su afinidad por la publicación de material generado digitalmente y, de hecho, suele elogiar públicamente estas innovaciones tecnológicas. A principios de 2024, llegó a comentar con entusiasmo cómo un programa informático había editado uno de sus discursos de manera magistral, asegurando que recurriría a estas herramientas con mucha más frecuencia en el futuro cercano.

La paradoja del canal de comunicación «auténtico»

Todo este incidente arroja serias dudas sobre la estrategia mediática general de la actual administración. Hace apenas un mes, Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca, defendía con vehemencia la actividad del presidente en las plataformas sociales. Según su argumento de entonces, el éxito arrollador de dicha red radicaba precisamente en que servía como el altavoz más genuino y directo del estadista.

Ahora, ese mismo canal oficial difunde una grabación sintética y lo hace omitiendo cualquier tipo de aclaración para sus usuarios. Ante este panorama, los votantes se enfrentan a un desafío monumental, viéndose obligados a discernir por sus propios medios cuándo están ante una declaración real y cuándo frente a un producto del aprendizaje automático.

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