El ejército ucraniano ha logrado revertir con éxito todos los avances territoriales que las tropas rusas habían consolidado desde marzo de 2026. Los análisis estratégicos más recientes del 12 de septiembre indican de forma concluyente que una serie de contraataques muy precisos han frenado en seco el empuje de Moscú en los frentes de mayor relevancia. Supone, de hecho, el primer cambio permanente en el rumbo del conflicto desde aquella gran ofensiva de Ucrania en la región de Kursk a finales del año 2024.
Ocultos tras la fría jerga de los partes militares, se están librando enfrentamientos de una brutalidad extrema. Las fuerzas de defensa han conseguido recuperar terreno perdido en las inmediaciones de Kúpiansk, repeliendo al mismo tiempo constantes oleadas de asaltos enemigos. A esto se suma una tenaz resistencia que ha bloqueado cualquier intento del bando agresor por adentrarse más en la provincia de Dnipropetrovsk.
Uno de los triunfos tácticos más destacados de estas últimas semanas ha sido la eliminación de un peligroso saliente situado al norte de Limán. Gracias a esta astuta maniobra, los defensores han arruinado por completo la estrategia rusa de cercar una línea de fortificaciones vital en Donetsk. Al mantener intactas estas posiciones clave, Ucrania ha logrado disipar una amenaza directa que llevaba meses planeando sobre distintas localidades de enorme valor estratégico.
Escasez crítica de personal militar
Aunque las fuerzas invasoras todavía consiguen arañar metros de forma agónica en sectores muy concretos del campo de batalla, el precio a pagar está resultando desorbitado. Únicamente se han registrado progresos minúsculos en zonas muy específicas:
- Kostiantynivka
- Los territorios situados justo al este de Sloviansk
Para dar estos pasos casi imperceptibles se han sacrificado cantidades astronómicas de recursos bélicos, sin que ello se haya traducido en una victoria decisiva para las unidades de asalto.
En este preciso momento, ninguno de los dos bandos ejerce un dominio absoluto sobre la extensa línea de frente. No obstante, existe un claro consenso entre los servicios de inteligencia y diversos analistas militares independientes sobre el hecho de que los altos mandos rusos están ejerciendo una presión asfixiante sobre Vladímir Putin. Su principal exigencia es que se autorice cuanto antes un reclutamiento masivo capaz de inyectar hasta 800.000 nuevos efectivos en su maquinaria de guerra. La cúpula militar confía desesperadamente en que este aluvión de tropas frescas permita a Moscú recuperar la iniciativa perdida.
Sin embargo, los especialistas dudan seriamente de que la mera superioridad numérica pueda alterar el destino del conflicto. Especialmente cuando estos hombres deben enfrentarse a un ejército ucraniano altamente tecnificado, donde el uso constante de drones modernos marca el ritmo de los combates. Pese a que desde el Kremlin se niegan de forma rotunda los rumores sobre nuevos reclutamientos forzosos, los observadores dan por sentado que esta medida tan impopular se implementará justo después de las inminentes elecciones a la Duma estatal, previstas para finales de este mes.
Una estrategia bélica con años de retraso
El inexorable paso del tiempo supone otra barrera colosal para las aspiraciones de Moscú. Las proyecciones analíticas más recientes sugieren que, de mantenerse este ritmo tan lento de avance, Rusia necesitaría combatir hasta octubre de 2032 para lograr controlar los últimos reductos de Donetsk. Semejante retraso echa por tierra la ambición original de los invasores, cuyo plan maestro pasaba por dominar la región entera antes de que concluyera el año 2026.
El conflicto a gran escala sigue, por tanto, sumido en una dinámica de desgaste feroz, donde cada bando pelea con uñas y dientes por márgenes milimétricos. Mientras que los batallones rusos no dudan en sacrificar enormes cantidades de soldados y vehículos blindados pesados con tal de capturar extensiones de terreno insignificantes, las implacables contraofensivas ucranianas se encargan de devolverlos sistemáticamente a su casilla de salida.













