Haakon asume el trono: Noruega tiene nuevo rey

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Un profundo luto envuelve a toda la nación nórdica. Esta mañana, a las 6:35, el querido monarca Harald V falleció plácidamente en su cama del Rikshospitalet de Oslo. El soberano nos deja tras alcanzar la venerable edad de 89 años.

Su ingreso médico se produjo tras someterse a un tratamiento intensivo contra la anemia hemolítica, una compleja patología que le había provocado una severa retención de líquidos. Lamentablemente, su estado de salud general sufrió un declive irreversible cuando una grave infección bacteriana alcanzó el torrente sanguíneo.

El entramado constitucional noruego está meticulosamente diseñado para evitar cualquier vacío de poder, ni siquiera por una fracción de segundo. Por este motivo, Haakon se convirtió en el nuevo soberano en el mismo y fatídico instante en que su padre exhaló su último aliento.

El nuevo monarca asume el mando

Durante la celebración de un Consejo de Estado extraordinario en las dependencias del palacio, el rey Haakon VIII mantuvo su primer encuentro oficial con los miembros del gabinete gubernamental. En esta histórica cita ratificó su nombre dinástico y comunicó su firme voluntad de conservar el histórico lema de la corona: Alt for Norge.

Aunque la transferencia de la máxima autoridad real se ejecuta de forma automática, el nuevo jefe de Estado deberá cumplir con un paso protocolario ineludible en los próximos días. Exactamente igual que hizo su progenitor en 1991 tras el fallecimiento del rey Olav V, el flamante monarca tendrá que prestar su juramento constitucional solemne ante el Parlamento.

Este histórico relevo institucional también supone un giro radical en el destino de Ingrid Alexandra, quien asume de forma repentina la dignidad de princesa heredera. Siguiendo el mandato del artículo 44, al ser ya un miembro adulto de la familia real capacitado para ejercer las funciones del monarca si la situación lo requiriese, deberá rubricar un juramento por escrito. Se trata de un escenario absolutamente singular en los traspasos de trono de la historia reciente del país.

En estos momentos de transición, la Casa Real proyecta una imagen poderosa donde el inmenso dolor familiar convive con la exigencia de la continuidad institucional. Tras concluir el consejo matutino del Gobierno, el estandarte real volvió a ondear en lo más alto del mástil, mientras en el balcón pendía una bandera con el tradicional crespón negro de luto.

Así se desarrollará el luto nacional

El Ejecutivo ha decretado de forma inmediata el luto oficial en todo el territorio, una medida de respeto que se prolongará hasta la misma jornada del sepelio. No obstante, esta declaración no alterará el ritmo de la vida cotidiana de los ciudadanos. Todos los edificios estatales mantienen ya sus banderas a media asta, y se ha lanzado una enérgica recomendación a los ayuntamientos de la región para que se sumen a esta iniciativa.

Como tributo al difunto rey, los campanarios de toda Noruega repicaron ininterrumpidamente durante una hora completa a lo largo del viernes. Tanto las majestuosas catedrales como las modestas parroquias locales han abierto sus puertas de par en par para acoger a quienes buscan un instante de recogimiento o desean encender una vela. Asimismo, se han habilitado libros de condolencias para que los ciudadanos puedan dejar plasmado su adiós.

La población noruega dispondrá de una oportunidad muy especial para despedirse personalmente de su difunto rey frente a su féretro. Los restos mortales se instalarán para su velatorio público en la capilla privada del recinto palaciego. Aún falta por confirmar si la jornada de las exequias será declarada festivo oficial, puesto que este tipo de medidas no se aplican por defecto en el calendario laboral.

Hasta el momento, las autoridades competentes no han fijado la fecha exacta para la celebración del gran funeral de Estado. Si observamos los precedentes históricos del año 1991 con la pérdida de Olav V, el solemne oficio religioso tuvo lugar en la Catedral de Oslo. Aquel acto dio paso a un sobrecogedor y multitudinario cortejo fúnebre por las calles de la capital hasta la histórica fortaleza de Akershus, donde el monarca recibió sepultura en el mausoleo de la familia real.

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