Trump reclama la Luna y exhibe uniformes al estilo del ejército imperial

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Las redes sociales suelen regalarnos fines de semana llenos de sorpresas. Cuando un mandatario decide compartir sus reflexiones dominicales, la navegación habitual por internet puede transformarse rápidamente en una clase magistral sobre legislación intergaláctica y geografía.

Reclamaciones sobre el espacio exterior

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dedicó su jornada de descanso a publicar varias actualizaciones bastante atípicas en su plataforma digital. Para asombro de sus seguidores, el perfil se actualizó con una llamativa imagen de la superficie lunar donde unas letras gigantes proclamaban, sin rodeos, que el satélite natural pertenece a la nación norteamericana.

Apenas unos instantes antes, la misma cuenta había difundido varios diseños conceptuales para indumentaria militar que parecían sacados directamente de un videojuego. Estos atuendos completamente oscuros para la Fuerza Espacial destacaban por sus sofisticadas hombreras, insignias singulares en las mangas y un cinturón de corte muy definido. Según los detalles compartidos, la gama cromática abarcaba tonos muy específicos, como el gris espacial, el negro de medianoche y un tono oscuro de textura sedosa.

Los internautas no tardaron en detectar una clara influencia cinematográfica en los bocetos. La comunidad virtual comenzó a bromear sobre esta estética sombría, sugiriendo incluso que la icónica banda sonora de Star Wars debería acompañar la presentación. Además, los analistas más perspicaces señalaron que el llamativo vestuario guardaba un parecido innegable con el del temido ejército imperial de la gran pantalla.

No obstante, desde el punto de vista jurídico, la apropiación de cualquier cuerpo celeste choca frontalmente con los tratados globales vigentes. Junto a más de un centenar de países, Estados Unidos ratificó el conocido Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre en el año 1967. Este pacto internacional establece de manera categórica que ningún Estado soberano puede adjudicarse la propiedad de la Luna.

La reescritura de los mapas tradicionales

La actividad digital de esos días no se limitó exclusivamente a los territorios situados más allá de la atmósfera terrestre. También apareció un mapa alterado del estado de Nuevo México, donde su denominación original había sido tachada con una enorme equis roja para ser sustituida por la palabra América.

Esta maniobra sigue la estela de una reciente polémica sobre toponimia que surgió en medio de unas tensas relaciones comerciales con Canadá. A finales del mes pasado, se emitió un controvertido decreto oficial para cambiar el nombre del famoso lago Ontario por el de Lago Americano.

Como era de esperar, esta ordenanza provocó una profunda indignación entre las comunidades indígenas. El jefe supremo Pierre Picard, perteneciente a la nación Huron-Wendat, emitió un contundente comunicado denunciando la medida como un claro intento de borrar su legado histórico. En sus declaraciones, mostró una gran consternación y tachó toda la situación de inaceptable y verdaderamente repugnante.

Al mismo tiempo, Picard hizo hincapié en el inmenso valor cultural que posee la denominación original, una postura que encontró el firme respaldo del primer ministro canadiense, Mark Carney. El líder político decidió recordar públicamente las auténticas raíces lingüísticas de este enclave geográfico. Toda la expresión proviene de la lengua nativa, donde el término Ontari’io se traduce literalmente como «lago grande y hermoso».

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