El descubrimiento de un presunto remedio milagroso
Cuando los exploradores europeos llegaron al continente americano durante el siglo XVI y descubrieron el tabaco, no lo percibieron como un simple pasatiempo. Durante muchísimo tiempo, las comunidades nativas ya aprovechaban esta exótica planta tanto en rituales sagrados como en antiguos remedios de medicina natural.
Esta práctica milenaria despertó de inmediato una profunda curiosidad entre los profesionales de la salud en Europa. Muy pronto, estos facultativos empezaron a creer fervientemente que inhalar aquel humo poseía unas propiedades curativas realmente asombrosas para el organismo humano.
De hecho, las hojas secas de esta planta se prescribían de manera habitual en las consultas como tratamiento médico para combatir una amplia variedad de afecciones físicas:
- Curar y cicatrizar heridas superficiales presentes en la piel.
- Aliviar los ataques de tos molestos y las graves dificultades para respirar con normalidad.
- Calmar molestias agudas relacionadas directamente con el sistema estomacal e intestinal.
La rápida expansión por el viejo continente
A lo largo del siglo XVII, la costumbre de fumar en pipa se expandió a un ritmo vertiginoso por todos los rincones de Europa. Los principales impulsores de esta creciente y popular moda fueron aquellos aventureros, marineros y soldados que regresaban a sus respectivos hogares tras largas y agotadoras travesías.
Aunque en un primer momento varios monarcas y figuras de poder intentaron imponer castigos muy severos contra este novedoso hábito social, terminaron por darse cuenta hacia el final…













